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Ágora XVIII Congreso PCE: Aportaciones al debate comunista

23 octubre 2009

Willy Meyer / 22 oct 09  en el Especial XVIII Congreso del pce.es

willy meyer

 

“[…] La primera premisa de toda existencia humana y también, por tanto, de toda historia, es que los hombres se hallen para “hacer historia”, en condiciones de poder vivir. Ahora bien, para vivir hace falta comer, beber, alojarse bajo un techo, vestirse y algunas cosas más. El primer hecho histórico es, por consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades, es decir, la producción de la vida material misma, y no cabe duda de que es éste un hecho histórico, una condición fundamental de toda historia, que lo mismo hoy que hace miles de años, necesita cumplirse todos los días y a todas horas, simplemente para asegurar la vida de los hombres”.
K. Marx (La Ideología Alemana)

Todos los Congresos, -y éste no debe ser la excepción-, representan para los y las comunistas la oportunidad de realizar colectivamente “el análisis concreto de la situación concreta” y, en función de ese análisis, elaborar propuestas que permitan acumular fuerzas sociales, institucionales y culturales en la perspectiva del Socialismo.

Ese estudio debe venir precedido por la puesta en común del balance del trabajo comunista realizado de Congreso a Congreso para aprender de los aciertos y errores y para proyectar la política de los aciertos y no repetir la de los errores.

EN PLENA CRISIS DEL CAPITALISMO, ¿OTRA VUELTA DE TUERCA?

En el contexto de la voladura del derecho internacional por parte de los países miembros de la OTAN (Yugoslavia), en primer lugar, y posteriormente con la administración Bush (Iraq, Afganistan, Oriente Próximo, vuelos de la CIA, Guantánamo…), esta crisis financiera, energética y alimentaria no nos cogió por sorpresa.

No, porque desde nuestros orígenes, desde el Manifiesto Comunista, partíamos de la premisa de que el capitalismo en su fase más alta de desarrollo produciría tales contradicciones que pondría en riesgo a la civilización, a la humanidad.

Esa capacidad intelectual de prever una crisis de estas características puede servir como bálsamo reconfortante de lo correcto de un análisis que ha resistido más de 150 años pero, inmediatamente, debemos emplazarnos a responder a una pregunta:

¿Por qué, si intelectualmente hemos determinado cuáles son los mecanismos y los responsables del retroceso de las condiciones de vida de las personas de los países empobrecidos y desarrollados, no somos capaces de levantar, erigir una fuerza social suficiente para construir la Alternativa al Capitalismo, es decir, el Socialismo?

Para mí, la respuesta a este interrogante puede y debe ser la mejor aportación del Congreso del PCE tanto para la alternativa comunista como para la alternativa que representa en España Izquierda Unida.

Desde ese punto de vista, la actual correlación de fuerzas políticas europeas apuntan, si no lo remediamos, que la salida de la crisis capitalista puede concluir con otra vuelta de tuerca, con una reestructuración interna, con reformas para que el sistema siga acumulando capital hasta el próximo ciclo de crisis, arrastrando cada vez más a la civilización hacia un callejón sin salida.

El análisis concreto obliga a señalar como primer responsable del avance liberal-conservador al nuevo pensamiento de los partidos que se reclaman de la socialdemocracia, que abandonaron en los ochenta del pasado siglo lo que fundamentaba teóricamente el estado de bienestar: la intervención pública del mercado acompañada de políticas fiscales progresivas y solidarias.

La traslación directa del “consenso de Washington” al “consenso de Bruselas”, con el beneplácito de la “nueva socialdemocracia”, permitió allanar el camino a liberales y conservadores porque desregulando el mercado conseguían dos objetivos: asegurar grandes beneficios al sector financiero, a las multinacionales y grandes empresas a costa de los salarios, y debilitar la propia democracia al trasladar grandes decisiones del futuro de las personas a los consejos de administración.

Ese análisis nos obliga también a nosotros y nosotras a examinar nuestro papel de forma crítica para afrontar una realidad indiscutible: nuestra extrema debilidad desde el punto de vista social, cultural e institucional.

Esa debilidad se corresponde con la de nuestro proyecto, Izquierda Unida, y por tanto en la reflexión comunista debemos resolver tanto las condiciones que permitan dar más fuerza social a las ideas y alternativas del PCE como nuestra contribución al fortalecimiento de IU.

Sin lugar a dudas, son muchos los factores que han contribuido a reducir progresivamente nuestra influencia entre los trabajadores y trabajadoras.

Como siempre, hay factores externos que objetivamente funcionan para reducir nuestra influencia, pero no es menos cierto que esos factores siempre han existido desde 1977 y con esos factores llegamos a tener un grupo parlamentario de 21 diputados y diputadas en 1996.

Me detendré por tanto en los errores que, considero, hemos cometido y dejaré para otra ocasión los factores externos de sobra conocidos (ley electoral, bipartidismo, etc.)

NUESTROS ERRORES Y ACIERTOS Del idealismo al materialismo

Creo que el principal error en el que hemos caído ha sido deslizarnos de nuestro tronco ideológico materialista a un cierto idealismo más acentuado cuanto menos influencia social adquiríamos. Idealismo en el sentido de la crítica de Marx en las Tesis sobre Feuerbach o en La Ideología Alemana.

Somos una organización con muchas ideas, con muchas señas de identidad, con alternativas para casi todo y, sin embargo, hemos trasladado esas ideas a círculos muy cerrados, muy vanguardistas, olvidándonos de que nuestras ideas tienen la finalidad de configurar un bloque social mayoritario que permita construir el Socialismo.

En el debate de las ideas, la base material (las condiciones económicas de la gente, la lucha de clases, el patriarcado, la insostenibilidad del sistema…), debería ser el escenario fundamental de nuestra actuación.

Para ello resulta imprescindible recuperar una de nuestra seña de identidad fundamental, lo que nos distingue a los y las comunistas de otras organizaciones: nuestra capacidad, voluntad, dedicación y energía en organizarnos con la gente, entre la gente, en convertir cada afiliado del PCE en un dirigente social.

Esa capacidad de organización, y por tanto de movilización, tiene que ver con la necesidad de cambiar la base material de la sociedad y desde allí la superestructura política, no al revés como a menudo hemos dado la sensación de pretender en este último periodo.

La transformación que perseguimos requiere de una implicación y respuesta de la mayoría de la sociedad, y para ello es imprescindible la construcción de un bloque social interesado en el Socialismo.

La respuesta mayoritaria debe condicionar toda nuestra actuación organizativa y por tanto deberíamos recuperar nuestra mejor cultura organizativa, aquélla que hizo posible nuestra hegemonía en la guerra contra el fascismo o en la lucha por las libertades.

Esa cultura es incompatible con políticas endogámicas de vanguardias muy concienciadas pero aisladas de la sociedad.

Al contrario, requiere de la conversión del PCE en un agente activo en los movimientos sociales, comenzando por el movimiento obrero organizado, por nuestra dedicación activa al desarrollo de CCOO, en el movimiento feminista, pacifista, ecologista, solidario y en el mundo de la cultura.

Esa respuesta supone en la práctica una verdadera revolución interna ya que condiciona nuestra militancia comunista a la social.

Dice Marcos Ana en la presentación de Decidme cómo es un árbol que los y las comunistas tenemos que pasar de comunicar a comunicarnos con la gente. En esta frase se condensa toda la reflexión anterior.

Sé que esa revolución interna es compleja, porque las inercias actuales nos llevan a encerrarnos en nuestras sedes con políticas aisladas y de resistencia, pero también sé que, si existe voluntad de iniciar esa revolución interna, podremos ver los resultados positivos a medio plazo en beneficio del PCE y de IU.

La comunicación

Resultado de ese idealismo en el PCE y en IU, caímos en la ingenuidad de pensar que nuestras “herramientas” de comunicación deberían ser básicamente las mismas que utilizan los partidos que no cuestionan el sistema. Utilizamos los grandes medios de comunicación, privados o públicos, como principal vía de comunicación de nuestras propuestas.

El análisis concreto debe hacernos ver que “el consenso de Bruselas” ha permitido una correlación de fuerzas donde el mercado sin regulación ha convertido en “papel mojado” los mandatos constitucionales.

El artículo uno de la Constitución (“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la justicia, la igualdad y el pluralismo político”), está superado por una práctica de valores y programas basada en un bipartidismo perfecto.

En este escenario, intentar jugar con unas reglas trucadas en relación al pluralismo y a la comunicación, además de inútil, nos conduce inexorablemente a la melancolía de fuerza maltratada.

Sin caer en el error de abandonar la comunicación de medios, el PCE debe organizar una “larga marcha” hacia una “COMUNICACIÓN DIRECTA” con las personas que permita dar a conocer nuestras propuestas y alternativas y las de IU. Permitir que más de un millón de personas sepan de forma directa que defendemos una ALTERNATIVA al actual sistema CAPITALISTA con programas concretos y realizables.

Esto requiere utilizar mejor los medios alternativos y, sobre todo, ORGANIZAR la presencia de todos los cuadros y cargos públicos en todas y cada una de las Agrupaciones para permitir desplegar esa COMUNICACIÓN DIRECTA.

Requiere recuperar la cultura de la “octavilla” y ayudar a las Agrupaciones con la presencia física de cuadros y cargos públicos a “instalarlas” en el conflicto social y en las alternativas a la crisis elaboradas colectivamente.

El PCE e IU.-

Un año antes de la celebración de la última Asamblea Federal de IU (IX), vivimos momentos muy delicados, especialmente a partir de la escisión de Valencia y tras el resultado de las elecciones generales.

Después de las elecciones generales, la Comisión Unitaria creada al efecto tuvo en sus manos la posible reconducción de una organización muy dividida y con riesgos reales de ruptura.

Durante todo ese periodo mantuvimos un vivo debate en relación a las posibilidades reales o no de superar esa situación en IU y de volverla a relanzar como un Proyecto Unitario y Alternativo.

Legítimamente, una parte del Partido defendía la idea de que esa recuperación era ya imposible y, en algunos casos, actuó en consecuencia.

Esa posición partía de que la mayoría de entonces de IU, a pesar de mantener posiciones diferentes respecto a la grave situación organizativa, “al final se pondría de acuerdo”.

Esa frase resumía y argumentaba esa posición, desde la crisis de Valencia,en los trabajos de la Comisión Unitaria, hasta el mismo inicio de la IX Asamblea Federal.

No obstante, la mayoría del Partido apostó por la vía de la recuperación sin prejuzgar el resultado y trabajando muy unitariamente sobre la base de no desvirtuar el debate político y organizativo y dar protagonismo al debate de las Asambleas de base.

Creo sinceramente que el principal acierto del PCE en este periodo fue precisamente promover junto con compañeros y compañeras de IU un proceso lo más unitario posible, desde la máxima participación de los afiliados y afiliadas, sin acuerdos cupulares, para facilitar un desarrollo de la IX Asamblea Federal que permitiera el encuentro con nuestro ideario y programa fundacional de IU sin rupturas y alcanzando el mayor acuerdo posible.

Y al final del proceso, no sólo no “se pusieron de acuerdo” (en relación a la mayoría de entonces) sino que conseguimos entre todos un gran acuerdo político y unitario en la definición anticapitalista de IU y en la configuración de la dirección unitaria, colectiva y plural.

La elección del compañero y camarada Cayo Lara como coordinador general resumía la nueva etapa de la recuperación de IU para iniciar su relanzamiento-refundación.

Hay que reconocer que, a pesar de todas las dificultades, la dirección del PCE supo gestionar, con sus aciertos y errores, una etapa muy complicada, con la defensa de IU como Alternativa Anticapitalista como horizonte y que ese horizonte hoy es el presente.

Ahora le toca a la nueva dirección del PCE, con la cultura de nuestra mejor tradición, la de Dolores Ibarruri y Pepe Díaz, con la aportación histórica de todas las direcciones anteriores y sus secretarios generales y presidentes, acertar y saber desarrollar una política organizativa y alternativa que permita acumular fuerza social para el cambio de sistema.

Espero que así sea.

Willy Meyer
Octubre 2009

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