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La huelga general y un termo de café con gotas

4 octubre 2010

Un bonito relato sacado del Blog del camarada Francisco Prado Alberdi,  o como dicen en el facebook del MO  “para entender las huelgas, a veces deberíamos recuperar historias de cuando éramos más solidarios y combativos”


Entre las diferentes posturas que se adoptaron ante la huelga general del 29 de Septiembre la que más me ha llamado la atención es la aquellos que, independientemente de cualquier valoración de la acción, decían que no iban a parar para no perder un día de salario. Esta actitud, a todas luces insolidaria, me ha traído a la memoria muchos actos de signo contrario que yo viví.

En Febrero de 1975 estaba detenido en la Comisaría de Gijón. Un Policía Armada de servicio en los calabozos me dijo: “Te han traído un termo con café ¿quieres tomarlo? Creo que tiene gotas…”. Al salir de la celda y, conveniente vigilado, tomar el café me di cuenta de que aquel líquido no era café con gotas de coñac, sino coñac con gotas de café. Yo sabía que el brebaje destinado a levantarme los ánimos venía de “Casa Florín”, un bar del barrio de El Coto que era lugar de encuentro del rojerío local, también sabía que era su forma de decirme: ¡No estas solo, estamos contigo!

En el mes de Abril de 1973 acababa de salir de la cárcel. Una noche llamaron al timbre de mi casa, a través de la mirilla vi a alguien meterse apresuradamente en el ascensor, después de comprobar que no había “sociales en la costa” abrí la puerta y me encontré con una bolsa que contenía arroz, aceite, garbanzos, lentejas, tocino, chorizo… Por los envoltorios supe que estaban comprados en el economato de la empresa de la que estaba despedido, pero además había una nota, una nota que decía “GRACIAS”; el que había dejado la bolsa a la puerta de mi casa no trataba de hacerme un favor, consideraba que tenía en deuda conmigo. Nunca supe quien tuvo ese gesto, pero estoy seguro de que fue alguno de los que años más tarde continuaron una huelga, después de conseguir una importante subida salarial, hasta lograr que fuéramos readmitidos todos los despedidos.

Ya sé que estas son historias antiguas, ya sé que este país ha cambiado mucho… pero no estoy seguro que todos los cambios hayan sido para bien.

NOTA: En la foto, tomada a la puerta de “Casa Florín”, estamos Gerardo Iglesias, García Salve (El cura Paco) y yo mismo (Francisco Prado Alberdi).

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